martes, junio 21, 2005

Rojo contra Azul


Otra vez habrá que ponerse a revisar los nuevos eventos que han transcurrido dentro la aparentemente interminable guerra virtual entre las naciones de Colombia y Venezuela...un tema que puede aburrir, y mucho, pero que sigue siendo de actualidad al fin y al cabo.

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La anterior imagen refleja parcialmente cómo es que algunas personas siguen imaginando el futuro a mediano-largo plazo de las relaciones bilaterales de ambas naciones.

Eso no es nada novedoso, pero no deja de cansarnos a aquellos que, por alguna u otra razón, no compartimos dicha visión; aquellos que no creemos en la necesidad de prolongar una permanente tensión ni en la de profetizar un desenlace apocalíptico para una gran lucha entre "el bien" (que es azul para algunos y rojo para otros) y "el mal" (o vice versa).

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Pensar en que no hay otra salida a las problemáticas regionales que una inevitable invasión colombiana a Venezuela (con una supuesta "ayuda y guía del Imperio") o una invasión venezolana a Colombia (con la "ayuda y guía de los terroristas") es, francamente, una concepción que se acercaría a lo ridículo, si no fueran tan lamentables las potenciales consecuencias de tanta paranoia, aún si no se llegase necesariamente a la guerra abierta.

Para la muestra un botón....aunque tampoco sea totalmente desconocido, es quizás algo inusual el escuchar palabras de alto calibre como las siguientes: "El presidente de Colombia, Alvaro Uribe Vélez, es un político pirómano que prendió fuego al infierno latinoamericano como un demonio perverso cerebro del mal, obedeciendo órdenes del Pentágono".

Si esos vientos australianos (que, como a veces es el caso, pasan primero por los países nórdicos antes de arribar a tierras caribeñas) no fueran suficientes como para alimentar un verdadero huracán, todavía hay más: "ni con los paramilitares colombianos, ni con misiles ni traidores a su patria bolivariana, atajarán los cambios políticos, económicos y sociales, que caminan a pasos gigantes favor de las clases sociales paupérrimas".

Ponerse a responder a todas esas imputaciones e insultos sería relativamente fácil, aunque a fin de cuentas resultase una pérdida de tiempo (sobre todo porque no hay peor forma de propaganda que la que mezcla mentiras con verdades, confundiendo y convenciendo a los que bajen su guardia y/o mantengan intactos sus prejuicios), pero es curioso notar que el cuento ese de los misiles al parecer sí enredó a algunos incautos...y, desde luego, a los "patriotas bolivarianos" que simpatizan con la "revolución colombiana".

Lo cierto es que ambos gobiernos, por fortuna, habrían logrado mantenerse firmes y resistir ante las tentaciones de perder la cordura, hasta el punto de que las autoridades venezolanas han desautorizado tales declaraciones y rechazado su contenido insultante, y las nuestras no han incurrido en una innecesaria descalificación generalizada del vecino país y su pueblo hermano.

Otro suceso reciente que no podemos pasar por alto es la fuga de cierto guerrillero y narcotraficante de la central de la DISIP venezolana, donde al parecer vivía como todo un Pablo Escobar, lleno de privilegios y ayudas internas (evidentemente, nosotros mismos no hemos sido ajenos a situaciones parecidas).

Éste ya es un hecho más preocupante que los anteriores, pero igualmente se enmarca dentro de un ambiente compartido de desconfianza mutua y casi obsesiva. Seguramente más de uno dirá que el guerrillero se fugó por orden expresa del gobierno de Hugo Chávez, lo que sería una forma de presionar a Colombia, por ejemplo.

Yo no lo sé...y por eso no me atrevería a asegurarlo hasta no tener pruebas más claras que soporten dicha hipótesis. Lo que sí parece ser verdad es que más de un venezolano gustosamente prestará sus servicios para colaborar con ese tipo acciones nefastas, así como, lamentablemente, aquí también más de un colombiano colaborará en la ejecución de acciones cuestionables que afecten al país vecino. Se podrían mencionar y desarrollar más ejemplos, pero creo que sobran.

Aceptar y entender eso es una cosa, pero no justifica que la situación se salga de control, ni que se rompan todas las barreras diplomáticas y del sentido común. Se puede "jugar a la guerra" y, sin duda, se tienen que hacer preparativos (políticos y militares) para responder ante cualquier desgraciada eventualidad, mas no todo debe girar exclusivamente en torno a ese eje.

A pesar de todas las diferencias ideológicas y de los problemas tanto históricos como contemporáneos que existen entre ambos pueblos y ambos gobiernos, no llegaremos a vivir en carne propia ese desgraciado escenario de "Rojo contra Azul" (o "Azul contra Rojo", en su defecto) si hacemos lo posible por evitarlo, por lograr una convivencia real mediante la discusión racional y seria de las diferencias, promoviendo la tolerancia, evitando caer en el nacionalismo ciego y excluyente, en los odios e insultos gratuitos.

¿Será que podremos conseguir algo tan fácil de proponer, pero a la vez tan difícil de consolidar?




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