martes, mayo 17, 2005

Nuestro Vecindario


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Sin olvidar los artículos pendientes para completar el mandato popular (¿o tiránico, más bien?), valdría la pena echar un vistazo a lo que está sucediendo en nuestro vecindario, específicamente en cuanto a reciente hechos en las relaciones de los países vecinos con nuestro país.

Empezemos por el lado derecho, por los países llamados hermanos (con razón, porque no nos cansamos de pelear entre nosotros por bobadas, no porque exista demasiado amor fraternal...).

Leer...

He de aclarar, por si acaso, que no tengo nada en contra de ninguna nacionalidad en general, ya que en cada una hay tanto individuos "buenos" como "malos", aunque normalmente la mayoría de la gente no es "ni lo uno ni lo otro", si me hago entender. Caer en prejuicios de que X o Y nacionalidad es superior o inferior a otra no tiene sentido. Eso no impide que se puedan hacer críticas sobre algunos asuntos...

Desde Venezuela, por fin llegó el tan anunciado chigüiro (arriba a la derecha), cuya llegada parecía inminente hace un tiempo pero tuvo ciertas "complicaciones" nuevas por parte de una funcionaria vecina que quería asegurarse de que al sindicado animal no lo pudieran condenar a más de 30 años de prisión (creo que es el límite al que van las leyes venezolanas, claramente sería menos que aquí, según entiendo).

No la conosco, pero esa señora, en medio de su gestión de humildad y caridad internacional, no pensaría en que en Colombia, con las rebajas de penas que le hacen a los presos por la simple buena conducta y/o el estudio (ni siquiera es obligatoria la colaboración judicial), el "Chigüiro" seguramente volvería a su medio natural en bastante menos tiempo del que se anunciase inicialmente. Así que, con todo y formalismos, ojalá Venezuela siga cooperando en éstos asuntos, así exista una clara tendencia en ciertos sectores a favorecer a éstos personajes, sea de buena o de mala fe.

Vayamos ahora al sur, al Ecuador, el otro de los países otrora hermanos. El nuevo canciller Antonio Parra Gil (el de la extrema izquierda...arriba en la imágen, no sé si ideológicamente) ha presentado algunas declaraciones sobre ciertos detalles de las relaciones entre Ecuador y Colombia, que reflejan un poco lo que sería la opinión ecuatoriana sobre el tema. Generalmente consistiría en criticar al Plan Colombia, también decirle no a la fumigación fronteriza, y en general tratar de marginarse lo más posible de nuestro conflicto interno y sus secuelas.

Rechazar al Plan Colombia, en lo que los toca estrictamente, estaría dentro de sus prerrogativas, no faltaba más...el problema es que ese Plan se habría vuelto una especie de "coco" en ciertos ambientes ecuatorianos, como si su existencia fuera la causa de todos los males y la cura sería su desaparición absoluta, inclusive si de esa forma se beneficiarían en algo las actividades de los irregulares presentes en la zona. Me parece que eso es una exageración, pues no todo lo que trae ese Plan es bueno, pero tampoco todo es malo.

Y hablando de lo malo, criticar las fumigaciones me parece que es algo más específico y con más sentido práctico...aunque yo no sea amigo de las fumigaciones, admito que parece algo raro que no mencionen nada de lo que, con mayor o menor razón, concluyó un equipo investigativo de la OEA, argumentando que el glifosato utilizado presenta un "leve a moderado" riesgo a la salud y al ecosistema (lejos de las afirmaciones alarmistas extremas que hay por ahí). ¿Será que esos estudios son incompletos? No sé, quizás, pero por eso compartiría el que haya que realizar más análisis para llegar al fondo de la cuestión.

Y sobre la posición ecuatoriana de no intervenir en el conflicto colombiano, de nuevo es respetable, pero habría que recordar que hasta el momento no existe una equivalencia legal, penal y diplomática entre las partes en conflicto. Ni las FARC ni el ELN ni las AUC son un estado ni han sido reconocidos como tales, no se pueden celebrar tratados y acuerdos válidos con ellos (ni su palabra tiene peso verdadero).

Digo lo anterior porque no sobra anotar que ha sido desde Ecuador, o desde la frontera con esa nación, que ciertos barbudos (nota: no tengo nada contra las barbas en general) hacen ciertos anuncios y ciertos acuerdos. Es más, si pensamos en las otras actividades de irregulares colombianos (y/o colaboradores locales) en el Ecuador, me pregunto si de todas formas el traficar (o portar sin permiso, si es el caso) armas no sería de por sí un delito punible que exige marcar una diferenciación, así sea por los efectos que esas prácticas tienen frente a los intereses propios o comunes de cada país.

Podríamos ahora ocuparnos de Panamá, otro país con el que alguna vez estuvimos unidos. Su nuevo presidente es el señor Martín Torrijos (arriba en el centro, sentado), con el que pareciera que ellos están bastante bien, y se promete proseguir con el actual status quo fronterizo, que incluye la existencia perpetua de la selva infranqueable que nos separa, quizás precisamente por esa razón. Eso no sería raro, dado el miedo del conflicto colombiano y sus secuelas, de no ser porque se supone que América Latina quiere integrarse hacia un futuro como una verdadera comunidad, y eso incluye mejorar y completar las vías de comunicaciones.Claro, si un 55% de los panameños considera hoy que el tapón del Daríen no debe ser removido, que no es conveniente construir una carretera panamericana u otra vía de transporte allí, alguna razón tendrán.

Si es por el tema de la aftosa, tiene algo de justificación real y objetiva, y también el preservar ese ecosistema selvático (con todo y las otras enfermedades que abundan allí). Aunque así sea, no es un obstáculo imposible de remontar, si hubiese una voluntad conjunta de hacerlo. Un tramo lo suficientemente estrecho y bien planeado, aplicando y respetando ciertas restricciones comerciales, ambientales, migratorias, sanitarias y fronterizas, a cambio de una mayor integración fuera de esos límites necesarios (que podrían relajarse o aumentarse según las circunstancias, de común acuerdo), no sería perjudicial sino que sería útil para todos y los costos podrían ser manajables.

Pero en fin, esa idea es un castillo en el aire, por ahora, y en todo caso se necesita el apoyo de las dos partes...quizás por allá en el 2050 o 2100, si avanza la integración regional, se aproximen las opiniones binacionales al respecto. Con todo y que siga en pie todo el tapón del Daríen (con los grupos armados, contrabandistas y enfermedades que allí se presentan), eso no impide que igual pasen migrantes y desplazados (e inversionistas, y productos, y empresas...) de Colombia a Panamá, sin que haya signos de que ese flujo vaya a cerrarse del todo, de ahí que las necesidades implican que hay que sostener y mejorar nuestras relaciones.

De Perú y Brasil, por otra parte, no es demasiado lo que podríamos mencionar, las cosas estarían bastante tranquilas en lo que respecta a sus relaciones con nosotros, así tengan problemas y discusiones de política interna (como todos). A excepción del TLC, pero ese tema ya es harina de otro costal. El gigante verde y el inca rojiblanco están ya demasiado ocupados con otros asuntos, y a veces es mejor la ausencia de noticias que el tener malas noticias, según dicen.

Pase lo que pase, al final concluiríamos que hay que respetar las diferencias de pensamiento y de comportamiento con nuestros vecinos, pero al mismo tiempo debemos tratar de llegar a acuerdos o por lo menos a compromisos de convivencia (...si hasta en la vecindad donde estaba "El Chavo" se convivía, así fuera con coscorrones y gritos...), lo que es mejor que enredarse en un debate ideologizado o nacionalista. Desde ese punto de vista, comparto las declaraciones que acaba de hacer el presidente Uribe.




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